lunes, 28 de noviembre de 2011

Objetivo: sobrevivir hasta el viernes

Lunes por la mañana: preparación del guión para leer durante la presentación, presentación misma (un éxito, según mis compañeros), almuerzo en un “fish & chips” llamado “Chip-O-Dee”, donde nos hicimos colegas de la rumana y el turco que nos atendieron, y nueva clase a las 5 de la tarde antes de darme cuenta de que no tenía ganas de leer la historia que tenía que leerme para el martes. En su lugar, me dediqué a escribir la entrada de la semana anterior, porque no puedo fallarle a mi público. La sorpresa del día fue descubrir que los mini pastelitos de verdura orgánicos que me ha dado por comprar son de la granja de Paul y Linda McCartney. Sí, esa misma cara se me quedó a mí cuando vi su foto por detrás y el nombre de Linda por delante.
El martes fuimos a la clase sobre literatura gótica para ver cómo David Hasselhoff hacía de Jekyll y Hyde al mismo tiempo en una ópera, en la clase de español tuvimos, curiosamente, la mejor sesión en lo que llevamos de curso. Y digo curiosamente porque trataba sobre la lectura. Por si por algún casual estáis pensando “es que en Inglaterra son más de libros que en España” o algo por el estilo, dejadme deciros que 5 de las 6 chicas de mi grupo confesaron no sentirse entusiasmadas con la lectura. Como en casa me sentí. Tras la clase de español, a esperar a los dos ingleses con los que iba a preparar una presentación sobre el acento cockney (o de Londres). La única anécdota que hay en esta historia es la encuesta que dos chicos pretendían hacerme: “¿cuáles son tus objeciones con respecto a la fe cristiana?”. ¡Qué ojo tuvieron a la hora de elegir encuestado! “Si estás ahí arriba, por favor, sálvame, Superman”, pensé. En ese momento, apareció una de los dos ingleses que estaba esperando y pude alegar que tenía prisa. ¡Madre mía…!
Tras una mañana tan interesante, espagueti y siesta para hacer casi nada por la tarde, salvo algunas tareas atrasadas, vaciar con la ayuda de un buen café una caja de dulces comprada allá por la semana del 23 de octubre, y ver morir mi bombilla. Telecasero al rescate en 10 minutos con una bombilla de bajo consumo.
El miércoles estaba destinado a seguir preparando dichas presentación y a empezar “Drácula”, pero entre la hora a la que me levanté y otras razones derivadas del principio de la pereza, sólo leí “Drácula”… y una hora antes de acostarme.
El jueves, algo más de “Drácula” por la mañana antes de ir a clase, clase sobre el inglés de Irlanda, una nutritiva hamburguesa y a clase otra vez para hablar de “Doctor Fausto”. Siesta de 5 a 6, café de rigor y a dedicar una tarde entera a Drácula. Esta vez no fue una, sino 2 horas las que estuve leyendo.
Viernes para disfrutar. Mini-compras por la mañana, mini-clase de enorme aburrimiento, nuevo libro para leer (“El rey Lear”) (¡No más, por favor!) y a casa a comer burritos, pero con carne de pollo. Por la tarde, mini-arrebato consumista en “Primark”: tres pares de zapatos por 36 libras (primero Iceland y ahora esto…). Una siesta para bajar el subidón y noche en CH1, el bar de la Students’ Union, con buena música, buena compañía y buen ambiente (básicamente, porque estaba medio vacío y se podía bailar).
El sábado por la mañana fuimos a Manchester. Llegamos 10 minutos antes de que llegara el tren... según los horarios, porque el tren salió 5 minutos antes de nuestra llegada. Una hora más tarde, subimos y llegamos al destino sobre el mediodía. Nos tiramos la mañana recorriendo el mercado de Navidad entre puesto de todos los países (sí, había uno de España, con paelleras y todo), comimos en Subway para variar tras pasar con cierto masoquismo por la calle dedicada a la cocina francesa (pollo con mostaza, crepes, galletes, chocolate con leche…), tomamos un café en “Druckers” (señoras tazas las de tamaño normal) y cogimos el tren de vuelta para prepararnos para una fiesta Erasmus, pero esta vez con comida (cena gratis). Preparamos un poco de pa amb tomàquet y nos fuimos a no sé dónde en taxi (en el conductor confiábamos). Morado me puse. Parece ser que la palabra “comida” fue clave para congregar a tantísima gente (¡madre mía!).
El domingo, a dormir la mona y a comer como si no hubiera mañana (y como si no hubiera habido noche de comilona tampoco) para explicar por qué me quedé dormido en la siesta. Algo de limpieza del hogar, algo de no hacer nada (para luego arrepentirme a la mañana siguiente, seguro) y a dormir. Un domingo de lo más estresante, sin duda.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Quien algo quiere...

El lunes, tras las interesantísimas clases de por la mañana, fuimos al Unichicken y comimos rápido por si el casero aparecía para realizar unos arreglillos. Os cuento: resulta que el domingo (no, no lo busquéis porque se me olvidó publicarlo) me hallaba tan tranquilo en mi cuarto por la tarde cuando de repente noté ALGO, una presencia, una perturbación en la Fuerza… bueno, en realidad vi una sombra nada más. Se coló una abeja. Claro, el hecho de tener la ventana y la puerta cerradas me hizo dudar, quieras que no, puesto que todo estaba herméticamente cerrado… salvo la chimenea. Lo que tuvo lugar en esta habitación era digno de un programa tipo “Supervivientes”, pero con más clase. La abeja se alojó en la lámpara y no quería echar a volar, así que, tras observar a la presa durante unos minutos, nos decidimos a esperar a que bajara hasta una posición menos dañina para el mobiliario si no quería pasarme la Erasmus escribiendo a la luz de las velas. ¡Zasca! Cual platillos, se encontraron las suelas de las babuchas la una a la otra para hacer aterrizar a la inquilina exenta de alquiler… sobre mis vaqueros. Razón de más para rematarla en el suelo (y ahorrarle sufrimiento, claro).
El caso es que el casero no aparecía y mi siguiente clase empezaba en una hora, por lo que decidí hacer un homenaje a la noble tradición de la siesta. Creo que activé su busca o algo así al tumbarme en el colchón, porque fue empezar a coger el sueño y aparecer el casero con un rollo de cinta aislante. Somnoliento, pero libre de abejas.
El martes, lo mejor tuvo lugar en la biblioteca (¡qué triste…!). Resulta que mi sesión de español trataba sobre la música, así que me llevé el portátil y les enseñé varias canciones a las chicas de mi grupo… a la par que al resto de la biblioteca. No era tan difícil decir que el volumen estaba muy alto o que el cubículo semi-cerrado en el que estábamos hacía de amplificador. Tuve que deducirlo por sus caras muertas de la risa. Ahora, todos conocen “Sin miedo a nada”, de Álex Ubago y Amaia Montero.
El miércoles me leí “Doctor Faustus” para el jueves y empecé a tomar apuntes para una presentación para el lunes (dos subrayados, tampoco nos pasemos). Día de libros mientras el resto perdía el tiempo en una mega fiesta en Off the Wall. Además, nos enteramos de que el viaje a Manchester planeado para el sábado, y para el cual ya habíamos firmado, se había aplazado.
El viernes nos comunicaron que el aplazamiento para tal viaje se aplicaba sólo a los alumnos del campus de Warrington (tres pueblos después del 5º pino), por lo que nos quedamos sin viaje… organizado por la UoC. Partido internacional con los Erasmus por la tarde y, como hecho reseñable, mi pisada sobre el gemelo de un estudiante alemán previo grito de guerra al estilo Gravesen. Fue su culpa por cruzarse en la carrera; yo pretendía asustarle. Por la noche, pre-fiesta en Powys’ Court y fiesta en la selecta disco de tres plantas conocida como “Cruise” (Tom no trabaja allí). Tan selecta era que me prohibieron el acceso con mis bonitos zapatos de Pull & Bear. No pude entrar hasta coger los zapatos de un Erasmus muy enrollado que me dio sus llaves para ir a buscarlos a su residencia, la cual quedaba como a media hora de la discoteca (más el tiempo que nos llevó encontrarla en la mal iluminada calle donde estaba). Sobre la 1 conseguí llegar a la discoteca, el portero me dijo que así estaba “mucho mejor” y finalmente pude conocer aquel pedazo de local, y entender por qué era tan selecta.
El fin de semana, resaca, arroz con curry para cenar y salida “de tranquis” de entrante. De primer plato, fútbol 7 por la mañana con derrota por 1-0 contra el 3º de la liga (ganó 7-0 el primer partido), lesión en el dedo gordo del pie, pachanga posterior de fútbol 11 y ducha y plato de macarrones merecidos. De plato principal, tarde entera de preparación de la presentación sobre el acento de Chester que, voluntariamente, había elegido hacer (tanto para el lunes siguiente como sobre tal tema). Hasta las 2 de la mañana, como mandan los cánones.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Tres días para descansar y otros cinco de entrenamiento

Un nuevo lunes agotador, pero con un nuevo aliciente (que lo hace más agotador aún): la clase de 13:00 a 15:00 es, de ahora de adelante, precedida por otra de 11:00 a 13:00 basada en la observación del planteamiento y transcurso de una clase de español. Básicamente, se trata de sentarse aparte y tomar notas mientras el resto atiende y te pregunta por las respuestas cada vez que la profesora se ausenta. En el descanse de 15:00 a 17:00, comida en McDonald’s y café revitalizador en Starbucks, acompañado de su “muffin” de chocolate con tropezones de chocolate y crema de chocolate por dentro (pero baja en grasas). Por la tarde, adquisición de una sudadera de la UoC y tarde de perros en West Lorne Street.
El martes, una clase de dos horas que terminó antes de lo normal porque a la profesora le salió de la docencia, clase de español y compra en Iceland - ¡oh, todopoderoso! – antes de comer y contarle cómo ha ido la mañana a la almohada. Sobre las 17:00 (mi hora de finalización de la celebración de la siesta), decidí quedarme 5 minutos más tumbado hablando con la almohada, pero uno de los trabajadores de Iceland tenía una idea mejor: llamarme para decirme que la furgoneta se había estropeado y que nos mandarían el reparto a la mañana siguiente.
“¡Miércoles, día libre!” O eso es lo que habría dicho si no fuera porque ni siquiera había empezado un comentario sobre un artículo periodístico que pude haber terminado en la Development Week, haciendo un hueco entre fiesta y siesta. Total, que, al parecer, fuimos varios los Erasmus que nos pasamos el día entero haciéndolo para poder entregarlo a la mañana siguiente antes del mediodía (más que nada por el público asistente a la oficina).
El jueves, las prisas por entregar dicho comentario antes de las 11:00 y, así, poder entrar a tiempo en clase. No sólo conseguí hacerlo, sino que además conseguí aguantar despierto durante las dos horas de clase de la tarde (sobre un texto que no me había leído) con la única ayuda de un café. Orgulloso halléme de mi humilde y somnolienta persona.
El viernes, una clase que no pasará a la historia ni mucho menos (todos contando cómo fue la noche anterior tanto en persona como por Facebook mientras esperaban a que pasara la hora), compras en Tesco Home (allá por el 5º pino), comida rápida a la vuelta, fútbol 7 entre Erasmus a la luz de los focos y bajo una fina lluvia (¡eso es vida!) y velada nocturna en Powy’s Court, una residencia bastante popular a la que, irónicamente, nunca había ido.
El sábado, los españoles y algunos fans alemanas y franceses nos congregamos en George & Dragon para ver el Inglaterra-España en un bar victoriano acondicionado tanto para las comidas familiares como para las noches de pintas y billares. Lo más reseñable, aparte de la asistencia movida por el patriotismo, fue mi episodio con la bandera que me llevé: se encasquetó de tal forma en la cremallera de la chupa que rozó el estado líquido para luego solidificarse de nuevo y pasar a formar parte de mi vestuario. Cual mago practicando el truco del pañuelo, me acerqué a casa al acabar el partido (bien jugado, Italia) y, emulando a los dirigentes del país, hice recortes en España. Sí, tuve que usar las tijeras.
El domingo, comenzó la liga del club de fútbol 7 y nosotros, ya con nuestro equipo definitivo, que viene a llamarse algo así como “Las ardillitas de Gordon”, empatamos a 1, aunque jugando bastante bien, y nos fuimos por nuestra cuenta a una pista cercana a jugar un 5 contra 5 para ganar puntos de compenetración, como en el FIFA. Contentos con la mañana (con unos 15º y parcialmente nublada, por cierto), nos duchamos, nos dimos un atracón de pasta y pasamos una tarde ermitaña en nuestras habitaciones para recordar por qué nos han permitido venir aquí: tenemos que estudiar.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Dando lo mejor de mí

La Semana de desarrollo personal me ha valido para desarrollar un problema personal que tengo: la pereza a principios de curso.
El lunes, Halloween para más inri, nos dimos una vuelta para ver si las tiendas ofrecían disfraces y/o maquillaje interesantes, pero no. Lo que más abundaba en las tiendas eran las placas de aluminio con agujeritos de las que salían las perchas de los productos. Así que nada, un Halloween “au naturel”, o lo que es lo mismo, “sin ná”. Por la noche, a una hora y algo de la fiesta de disfraces de Scotia House, se nos ocurrió colarnos en una sesión de maquillaje y el resultado fue el muñequito de “Saw” y el Joker de “Batman” (bueno, más bien su zombi). Buena noche seguida por una visita al famosísimo “Rosies”, al cual no había ido aún un servidor (sí, es cierto, seguidores Erasmus). Resulta que el Rosies se diferencia del resto por sus dos plantas y por la música que el DJ pone entre comentario y comentario.
El martes, el miércoles y el jueves nos llevan hasta el viernes, cuando batimos todos los registros e hicimos una distancia de 20 minutos en dos horas buscando el punto de reunión de varios españoles antes de salir de marcha. Llegamos, saludamos y nos fuimos a Rosies para escuchar un ratito al DJ y, sin poder remediarlo, las canciones que interrumpían su interesante discurso sobre nada.
El sábado, la “Bonfire Night”, un espectáculo de fuegos artificiales en el hipódromo de Chester para conmemorar el frustrado intento de Guy Fawkes de prender fuego al Parlamento británico. Cuando expliqué a cierta persona que los niños van por la calle pidiendo peniques para petardos, esta persona respondió: “a mí me viene un niño pidiéndome dinero y le doy un euro para que queme el Parlamento (español)”.
El domingo, fútbol al estilo inglés: codazos, agarrones a lo Valderrama y todo eso que hace tan grande este deporte. Se liberó tensión al menos después de tan ardua semana. Ahora a hacer el trabajo que tenía que hacer.